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Portada del sitio > LUCES DE OTRA IGLESIA QUE ESTA "YA" SIENDO POSIBLE. > Reflexiones y propuestas > LA ÚLTIMA CENA, ¿UNA EUCARISTÍA LAICA?

LA ÚLTIMA CENA, ¿UNA EUCARISTÍA LAICA?

MANOLO GONZÁLEZ

Viernes 13 de junio de 2008, por Foro Diamantino (actualizado el 13 de junio de 2008)    Ver en formato PDF


Todas las religiones se fundamentan en lo sagrado. Todas tienen lugares sagrados, tiempos sagrados, ritos sagrados, cosas sagradas – imágenes, reliquias - personas sagradas - sacerdotes, hechiceros, brujos- que hacen intermediarios entre Dios y el resto de los seres humanos.

Con lo sagrado se intenta aplacar a Dios y tenerlo propicio. Dios aparece como un ser lejano, trascendente, responsable de lo que nos sucede, airado por lo pecados que contra él cometemos e imprevisible, temiendo siempre lo peor.

Lo que aplaca a Dios son las oraciones, rogativas, actos de culto y sobre todo los sacrificios. Los sacrificios en el A. T. los realizaban los sacerdotes en el Templo, matando animales y ofreciendo a Dios su sangre. El sacrificio más importante en la Iglesia es la santa misa. Un sacrificio realizado por ministros ordenados, en templos consagrados y rodeado de una liturgia llena de signos y ritos sagrados. Un sacrificio de valor infinito porque lo que en ella se ofrece es Cordero de Dios que quita los pecados del mundo.

Con Jesús se da por terminada esta etapa histórica. Jesús fue un laico. Vivió rodeado siempre de hombres y mujeres laicas. En su grupo no hubo sacerdotes. Todo lo contrario su actividad estuvo marcada de continuo por un serio conflicto con la clase sacerdotal y su tinglado religioso.

Se presentó en contacto con la divinidad, pero no a través de lugares, personas y ritos sagrados. El Dios de Abrahán, de Isaac y de Jacob, no es el Dios de Jesús. La Torá, el Templo, los sacerdotes, los sacrificios y ritos sagrados no tienen lugar en el Reino que él anunciaba. Su vida y su mensaje se desarrollan en el ámbito de lo profano. Nos religamos con Dios no mirando hacia arriba, sino mirando hacia el lado, hacia el prójimo que nos necesita. No hay otro camino.

LA CENA PASCUAL FUE UNA COMIDA PROFRANA EN LA QUE SE REALIZÓ UNA NUEVA ALIANZA ENTRE DIOS Y LOS HOMBRES...

Su última cena reviste para todos nosotros una gran importancia. De hecho es haciendo el memorial, el recuerdo y la repetición de aquella comida, como le recordamos cuando nos reunimos para celebrar la eucaristía.

En la última cena Jesús se reunió con los suyos para celebrar la pascua judía, la fiesta de la liberación de Egipto, el acontecimiento más importante del pueblo judío. En ella se recordaba la Alianza que Dios hizo con su pueblo.

En el Éxodo se nos describe esta Alianza: se hizo un altar de piedra, que representaba a Dios, y Moisés cogió el Libro de la Ley y lo ofreció al pueblo diciendo: “esta es la Ley de nuestro Dios, la que tenéis que obedecer”. Y el pueblo aceptó, afirmó que quería obedecer esa Ley. Después mataron un cordero, echaron la sangre en un caldero, y la rociaron con un hisopo sobre el altar y sobre el pueblo, creando así la alianza, un parentesco entre Dios y su pueblo.

Esta Alianza de Dios con su pueblo la renovaban los judíos cada año en la cena pascual. En ella se leían unas lecturas recordando la liberación de Egipto con las plagas, el derramamiento de sangre, la muerte de los primogénitos… Y después con ritos y oraciones se comía el cordero con las yerbas amargas y se bebían las copas. Era una cena sagrada.

Marcos nos cuenta como Jesús en la última cena sustituyó de forma radical y definitiva esta Alianza por la Nueva Alianza por él inaugurada. . Jesús, no leyó las lecturas y salmos de costumbre, sino que hizo una acción de gracias al Padre. Después no cogió el libro de la ley, ni el cordero inmolado, sino un trozo del pan que estaban comiendo y dijo: tomad y comed esto es mi cuerpo. Después cogió la copa del vino que estaban bebiendo y dijo: tomad y bebed, esta es mi sangre, la Nueva Alianza. Cuando, al celebrar la eucaristía, hacemos el memorial, el recuerdo y la repetición de esta cena, estamos, como Jesús hizo, dando por finiquitada la Antigua Alianza con su templo, sus sacrificios sangrientos, sus sacerdotes, sus ritos sagrados. Y realizamos la Nueva y Definitiva Alianza. Un cambio radical en la forma de entender a religarnos con Dios. SIGNIFICADO DEL CUERPO Y LA SANGRE EN LA MENTALIDAD SEMÍTICA.

El cuerpo. En la mentalidad semítica distinguían en el hombre como una unidad, no constituido por partes, sino aspectos desde los que se le podía mirar.

 La spique o alma, en cuanto el hombre es un ser inteligente y libre.  El cuerpo - .soma-, en cuanto ese mismo hombre es identificable, activo y comunicativo, su trayectoria histórica. Es el sentido que toman los sinópticos.  Y la carne, en cuanto ese mismo hombre es débil, transitorio y mortal, sujeto al miedo y al dolor. Es así como lo entiende Juan cuando dice: el que come mi carne… ”

La sangre. La sangre significaba la misma persona en cuanto se entregaba de forma violenta.

Tomad y comed esto es mi cuerpo, es decir, mi trayectoria histórica, todo lo que yo he hecho en este tiempo que he estado con vosotros. Tomad y bebed, esta es mi sangre, es decir, mi entrega hasta el final, hasta la muerte violenta como un testaí, como un subversivo, clavado en una cruz.

El mensaje de Jesús era claro. Comer su cuerpo es renovar nuestro compromiso personal con Jesús. “Esforzaros por ser como yo he sido, vivid como yo he vivido, tened los pensamientos que yo he tenido”. Beber el vino significa “vivid como yo he vivido y ello hasta el final, nunca digáis hasta aquí, nunca os echéis atrás”. Cuerpo= compromiso. Sangre=sin condiciones.

La primera eucaristía la realizó Jesús –un laico- en un lugar profano - una casa grande- de una forma laica - sin sacerdotes, sin altar, sin ritos sagrados- . La eucaristía, tal como Jesús la entendió en aquella cena pascual, no es un acto religioso. Es un acto profano, laico, con el que tratamos de crear un compromiso vital con Jesús, es una opción fundamental en la que afirmamos: quiero tener a Jesús como referente de mi vida, quiero vivir como él vivió y ello sin condicionamientos, hasta el final.

Juan, además, al describir la cena, nos explica de una forma gráfica como debe ser la actitud fundamental del que quiere vivir como vivió Jesús. El lavar los pies es una forma grafica de manifestar la actitud ser servicio que debe reinar entre los que se reúnen. Y la tentación que de forma incondicional debe vencer: el poder, cualquier clase de poder, de un modo especial el poder religioso que es le que crea un mayor dominio sobre los demás

LA SEGUNDA Y DEFINITIVA ALIANZA SE REALIZO EN UNA COMIDA

La cena se hizo también en mitad de una comida. Una comida más, de las muchas que Jesús tuvo con los suyos. Algo profano también. El comer junto se consideraba en su cultura algo llamado a crear fraternidad. Y fue con este signo, la mesa compartida, como él quiso que le siguiéramos recordando

Se puede comer como acto animal, porque tengo hambre. Cuando tomo un helado, lo hago porque me gusta, el comer pasa a un registro humano. Y al comer en común, la comida, tal como la entendió Jesús, se hace vehículo de igualdad entre los comensales, de amistad y hermandad entre los que participan de ella, y crea la necesidad de compartir lo que tenemos, lo que sentimos, lo que somos

Jesús no inventó un nuevo rito religioso. Cogió el signo - profano - que ya existía y le dio un significado nuevo, más profundo. Al comer el pan y beber el vino nos comprometemos vivir con las opciones fundamentales que él tuvo en su vida y además potenciamos aun entre los reunidos lazos de igualdad y fraternidad, dado que lo que de verdad estamos realizando es un compromiso personal con el, una opción por que nuestra vida sea un vivir con y para los demás. Una eucaristía que no potencia entre los asistentes lazos de unión, fraternidad, amistad, no es la cena del Señor.

6 Mensajes del foro

  • LA ÚLTIMA CENA, ¿UNA EUCARISTÍA LAICA?

    13 de junio de 2008 09:27, por Victoria

    Es realmente curioso como la Iglesia jerárquica, pero también los hombres y, en definitiva, cada uno de nosotros, hemos ido complicando, retorciendo y desvirtuando algo tan simple y a la vez tan grande como el mensaje de Jesús: amor al Padre y hacer el bien a los que nos rodean,

    El artículo me ha encantado porque pienso que la Ultima Cena tuvo que ser exactamente así. La celebración de la Pascua de un judío con sus amigos, en la que se quiso despedir de ellos porque sabía perfectamente que sus palabras en contra de las normas de la jerarquía de su tiempo lo habían puesto en peligro,y, sin embargo, quiso ser consecuente hasta el final.

    Creo que quiso dejarles un signo para que le recordaran cada vez que se reunieran y, nada lo representaba mejor que el pan, a El, que fue bueno como el pan, que se multiplicó por los demás, y el vino, que es alegría y celebración: El Reino de Dios ha llegado.y con él, una forma de entender la vida. Como dices, hasta las últimas consecuencias

  • LA ÚLTIMA CENA, ¿UNA EUCARISTÍA LAICA?

    14 de junio de 2008 20:27, por Antonio Vicedo Calatayud
    Algo muy fundamental en la exposición que hace Vd. de la Última Cena de JESÚS con los SUYOS, relacionando el fin de la Alianza con ISRAEL y la NUEVA MESIÁNICA para que fuera MEMORIAL de JESÚS, HIJO DEL HOBRE Y DIOS HIJO con el PADRE Y EL ESPÍRTU, es el modo como el Evangelio de Juan describe y silencia lo sucedido en aquella tarde noche antes de la PASIÓN. Porque se silencia cuanto puede ser relacionado con rito sacrificial y sagrado, mientras se detallan con precisión las actitudes vitales del AMOR y su concreción ejemplar y ejemplarizante del LAVATORIO; con la carga añadida de lo referido al diálogo de actitudes prácticas entre Jesús y Pedro. Y es que LO SAGRADO, como expresión o representación del PODER DIVINO entre y ante los humanos, lo daba Jesús por superado y anulado en SU ENCARNACIÓN. Ni en lo personal, ni en lo local, ni temporal, la sacralidad universal otorgada a TODO por JESÚS, podría ya considerarse restringida por límite natural alguno. TODO es igualmente divino en y por Jesús y sólo se considerarán no divinas, las actitudes libres y plenamente responsables, si se dieran, opuestas a la Voluntad Divina. Este es el CONTENIDO DIVINO del MEMORIAL (HACEDESTO EN MEMORIA DE MÍ) SIN DESVIRTUARLO por ritualización cultual.; (SÁBADO para la HUMANIDAD; Buen SAMARITANO en camino del TEMPLO; Buen PASTOR fuera del APRISCO; Presentar Ofrendas sólo después de ENTENDERSE con EL HERMANO; Y ese: "CONMIGO hacéis y dejáis de hacer LO QUE con UNO CUALQUIERA de mis más pequeños HERMANOS. Porque "LA FE SIN OBRAS está muerta, NO ES FE". Parece ser que la oposición frontal de lo del “Poder VIEJO” contra la NOVEDAD del AMOR, viene coleando desde JESÚS, condenado por BLASFEMO y RESUCITADO. Después con lo del paganismo de Pablo y ya a finales del S. I, por lo que nos presenta el N. T. espacialmente en el Evangelio de Juan.
  • LA ÚLTIMA CENA, ¿UNA EUCARISTÍA LAICA?

    20 de junio de 2008 12:30, por Antonio J.

    Me ha gustado muco el artículo, pues muestra a Jesús como fué, crítico con la religión imperante, y con las normas que no fueran humanistas. También muestra la ruptura que supuso su vida y su mensaje con las tradiciones del Antiguo Testamento, ruptura que parece que nunca lleguemos a consumar, al menos por parte de muchos representantes de la jerarquía católica.

    ¿Y qué hay más bonito que comer y compartir la vida con los amigos de verdad?

  • LA ÚLTIMA CENA, ¿UNA EUCARISTÍA LAICA?

    22 de junio de 2008 17:47, por Foro Diamantino

    LO QUE ESPERA DE LOS CRISTIANOS UN “NO CREYENTE”

    Leyendo el artículo de Manolo González, “La última cena, ¿una Eucaristía laica?”, me ha venido a la memoria otro que leí hace poco, escrito por Ray McGovern con motivo del viaje de Benedicto XVI a Washington, en el cual el autor recuerda unas palabras de Albert Camus en su visita al monasterio dominicano de Latour-Maubourg en 1948.

    La evocación me ha venido posiblemente por contraste, pues en tanto que McGovern señala que los dominicanos querían saber lo que un no creyente pensaba sobre los cristianos a la luz de su conducta durante los años treinta y cuarenta (una plausible actitud que en mi opinión debiera tomar como ejemplo el mundo católico actual en el sentido de tratar de verse con los ojos del otro), en el artículo de González observo un muy loable afán de darle un significado humano a la Eucaristía pero sin salirse de madre en ningún momento.

    El discurso de Manolo González, con todo y verlo lleno de excelente intención y buenos deseos, me ha recordado aquel canto que en las celebraciones eucarísticas en lengua catalana entonan a veces los fieles antes de darse la paz: Ai, quin gran goig, quina joia, quan els germans s’estimen! (¡Ay, que gozo, que alegría, cuando los hermanos se aman!).

    Y me ha hecho pensar que tal vez desde una óptica eclesial sea muy conveniente pedir que haya paz entre los fieles católicos, pero visto desde fuera, como yo lo veo, mejor sería que esa multitud de fieles que compone la Iglesia Católica tuviesen un poco menos de beatífica fidelidad corporativa y un poco más de humano sentido de rebeldía; de esa rebeldía que Camús expresa con estas palabras:

    “Lo que el mundo espera de los cristianos es que los cristianos deberían pronunciarse, fuerte y claro, y que deberían expresar su condena de tal manera que nunca pudiera aparecer una duda, ni la más ligera duda, en el corazón del hombre más simple.

    Lo que sé y a veces crea en mí un profundo anhelo es que si los cristianos se decidieran a hacerlo, millones de voces, millones digo, en todo el mundo se sumarían al llamado de un puñado de individuos aislados, quienes, sin ningún tipo de afiliación, interceden actualmente casi por doquier e incesantemente por niños y otra gente.” No sé si esto sería ahora tal cual él dice, pues los tiempos han cambiado mucho de entonces acá y la pasividad de las gentes es hoy escandalosa, pero veo que coincide bastante con lo que escribió Pagola y publicó “ecleSALia” en noviembre del 2006: «La Iglesia atraerá a la gente cuando vean que nuestro rostro se parece al de Jesús, y que nuestra vida recuerda la suya». Desde donde yo me encuentro, un lugar al cual los complicados malabarismos mentales de la teología no alcanzan pero sí la sabiduría popular que expresa el viejo refrán «quien calla, otorga», la pasividad de la feligresía católica frente a la conducta de sus jerarcas no puede ser vista sino como complicidad. Una complicidad culpable por omisión, según señalaba entre otros Martin Luter King cuando decía: «La historia tendrá que registrar que la mayor tragedia de esta época de transición social no es el estridente clamor de los malos, sino el asombroso silencio de los buenos». De los buenos católicos, se me ocurre añadir.

    Pepcastelló

  • LA ÚLTIMA CENA, ¿UNA EUCARISTÍA LAICA?

    22 de julio de 2008 17:27, por Foro Diamantino

    LO QUE ESPERA DE LOS CRISTIANOS UN “NO CREYENTE”

    Leyendo el artículo de Manolo González, “La última cena, ¿una Eucaristía laica?”, me ha venido a la memoria otro que leí hace poco, escrito por Ray McGovern con motivo del viaje de Benedicto XVI a Washington, en el cual el autor recuerda unas palabras de Albert Camus en su visita al monasterio dominicano de Latour-Maubourg en 1948.

    La evocación me ha venido posiblemente por contraste, pues en tanto que McGovern señala que los dominicanos querían saber lo que un no creyente pensaba sobre los cristianos a la luz de su conducta durante los años treinta y cuarenta (una plausible actitud que en mi opinión debiera tomar como ejemplo el mundo católico actual en el sentido de tratar de verse con los ojos del otro), en el artículo de González observo un muy loable afán de darle un significado humano a la Eucaristía pero sin salirse de madre en ningún momento.

    El discurso de Manolo González, con todo y verlo lleno de excelente intención y buenos deseos, me ha recordado aquel canto que en las celebraciones eucarísticas en lengua catalana entonan a veces los fieles antes de darse la paz: Ai, quin gran goig, quina joia, quan els germans s’estimen! (¡Ay, que gozo, que alegría, cuando los hermanos se aman!).

    Y me ha hecho pensar que tal vez desde una óptica eclesial sea muy conveniente pedir que haya paz entre los fieles católicos, pero visto desde fuera, como yo lo veo, mejor sería que esa multitud de fieles que compone la Iglesia Católica tuviesen un poco menos de beatífica fidelidad corporativa y un poco más de humano sentido de rebeldía; de esa rebeldía que Camús expresa con estas palabras: “Lo que el mundo espera de los cristianos es que los cristianos deberían pronunciarse, fuerte y claro, y que deberían expresar su condena de tal manera que nunca pudiera aparecer una duda, ni la más ligera duda, en el corazón del hombre más simple.

    Lo que sé y a veces crea en mí un profundo anhelo es que si los cristianos se decidieran a hacerlo, millones de voces, millones digo, en todo el mundo se sumarían al llamado de un puñado de individuos aislados, quienes, sin ningún tipo de afiliación, interceden actualmente casi por doquier e incesantemente por niños y otra gente.” No sé si esto sería ahora tal cual él dice, pues los tiempos han cambiado mucho de entonces acá y la pasividad de las gentes es hoy escandalosa, pero veo que coincide bastante con lo que escribió Pagola y publicó “ecleSALia” en noviembre del 2006: «La Iglesia atraerá a la gente cuando vean que nuestro rostro se parece al de Jesús, y que nuestra vida recuerda la suya». Desde donde yo me encuentro, un lugar al cual los complicados malabarismos mentales de la teología no alcanzan pero sí la sabiduría popular que expresa el viejo refrán «quien calla, otorga», la pasividad de la feligresía católica frente a la conducta de sus jerarcas no puede ser vista sino como complicidad. Una complicidad culpable por omisión, según señalaba entre otros Martin Luter King cuando decía: «La historia tendrá que registrar que la mayor tragedia de esta época de transición social no es el estridente clamor de los malos, sino el asombroso silencio de los buenos». De los buenos católicos, se me ocurre añadir.

    Pepcastelló

  • LA ÚLTIMA CENA, ¿UNA EUCARISTÍA LAICA?

    6 de noviembre de 2008 08:07, por CARLOS JOFFRE
    Las ideas estan buenas pero me figuro que era mejor si cada uno de nosotros llegara a esas conclusiones a traves de la METANOIA o cambio de actitud. Dios es Espiritu y las cosas que nos relacionan con El deben entenderse espiritualmente. EL MOVIMIENTO ELIAS esta preparando la Segunda Venida del Senor en forma espiritual. Espiritual no quiere decir invisible. Nosotros debemos tomar conciencia de que SOMOS Seres Espirituales, debemos tomar conciencia de que SOMOS los Hijos de Dios. La voluntad del Padre, es que que nosotros seamos como Jesus, los Hijos muy amados del Padre y como Jesus, UNGIDOS con el Espiritu Santo, que en Griego se dice KRISTOS. La relacion con Dios es interna, espiritual, individual y en libertad. Es en suma una EXPERIENCIA individual. EL MOVIMIENTO ELIAS que apenas esta despertando las conciencias en el mundo, trata de explicar todas estas cosas desde el punto de vista easpiritual. Todo lo que podamos decir en contra de los abusos que sufrimos en el pasado y que todavia sufrimos en el presente, no nos dan un Cielo Nuevo y una Tierra Nueva, LA METANOIA o Cambio de Actitud, nos da libertad absdoluta. De todas maneras se ve en sus escritos, la busqueda de la liberacion y esa busqueda tiene que dar buenos resultados. MARAN-ATHA, el Senor viene! Carlos Joffre muchossabios@yahoo.com

    Ver en línea : MISION ELIAS


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